viernes, 11 de septiembre de 2009

Religión romana y Art Decó

Prometeo, de Paul Manship. 1934


Los comienzos del Siglo XX supusieron la irrupción de la Modernidad y la ruptura premeditada con la tradicción artística occidental. Esa tradición tuvo un pequeño respiro tras la primera guerra mundial, pero que pronto se apagó con el inicio de la segunda. En esta revitalización de la tradición clásica, pese a su notable influencia de los nuevos lenguajes artísticos, la temática religiosa greco-latina despertó y volvió a convertirse en un tema recurrente en la producción estética de los artistas plásticos.


Paul Manship recreó en el Rockefeller Plaza el mito de Prometeo, Titán que robó el fuego para donárselo a los mortales y por tal motivo fue castigado a ser encadenado a una roca en la cual un águila se comería su hígado, día tras día, por toda la eternidad. El castigo cesó al ser liberado por Heracles.
Prometo se ciñe muy bien al espíritu del Art Decó y a su reflejo de la fuerza y el empuje del progreso. El descubrimiento del fuego es el inicio del avance científico y mecánico de la humanidad, por lo que este Titán casa muy bien con la mentalidad vital y vigorosa del estilo de entreguerras.

La influencia de esta obra hay que encontrala en otro ser de la religión romana visto por el prisma manierista, pues la composición de este Prometeo bebe mucho del Hermes de Gianbologna.

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