
La casa Nautilus
Javier Senosian levantó esta casa particular en Mexico D. F.
No es, ni mucho menos, una edificación clásica, sino que es claramente un edificio posmoderno con fortísima influencia organicista y modernista (Difícil no acordarse de Gaudí o de Wright)
Sin embargo, esta obra añade un elemento psicológico, anímico al planteamiento de la arquitectura que en muy raras ocasiones encontramos. Añade encanto.
El encanto es, según la RAE, Cautivar completamente la atención de alguien. Pero añade una acepción más: Pronunciar un conjunto de palabras con poder mágico para cambiar la naturaleza o la forma de alguien o algo, hechizar.
He ahí la clave: El arte tiene la capacidad de cambiarte, de transformarte. Y, para ello, su arma es el encanto.
Si el ánimo de un artista es crear una obra simplemente destinada a responder a la función encomendada, difícilmente perdurará en el ánimo de quien la observe. No le cautivará. No se producirá el hechizo. Ese es el gran error del arte moderno, negar el encanto por definición. Error que por esas mismas fechas no cometieron los artistas del Art Decó. Ellos sí sabían que el ingrediente secreto del arte es el encanto y que negarlo es negar el arte en sí.
El arte posmoderno busca llamar nuestra atención, pero por medio de lo chocante, lo rompedor, lo trasgresor. No quiere hechizar nuestro ánimo, sólo abofeterarlo. Por eso su capacidad de permanecer en nuestro corazón duura lo que tarda en dejar de doler la bofetada. Se ha equivocado de hechizo.
Quien haya paseado por la nueva alameda de Hércules sevillana sabrá bien de lo que hablo. No hay diferencia anímica entre pasear por la alameda y hacerlo por el aparcamiento de un centro comercial.

De nada sirve que te cuenten milongas sobre los juegos de volumenes y afines... de nada sirve sin encanto.