miércoles, 4 de enero de 2012

La vuelta al orden (II)



La segunda entrada del año está dedicada igualmente al resurgir del clasicismo durante el periodo de entreguerras e, igualmente, ilustrado por Picasso. El malagueño simbolizó todo el arte del siglo XX y sigue siendo así cuando de la vuelta a lo clásico se trata.


Este grabado fue uno de los 30 con los que ilustró Las metamorfosis de Ovidio en 1930. Artistas contemporáneos (a nosotros), como el mediático Juan Adriansens, los han descrito como los mejores dibujos de la historia del Arte posteriores a Ingres.


A ver... Todo lo que tiene que ver con Picasso está muy maximizado debido a la importancia de su obra durante el siglo XX (Picasso es, simplemente, el siglo XX), pero esto no deja de ser un "dibujito" con buena composición y firmeza en el trazo. Y más si se compara con el maestro francés.


Al César, lo que es del César.

lunes, 2 de enero de 2012

La vuelta al orden





Las vanguardias nacieron con el inicio del S. XX. Esa especie de "Arte anti-Arte", que rechazaba todo el trabajo precedente (Al menos, tal y como se entendía formalmente) tuvo en 1916 un primer revés: El estallido de la primera guerra mundial. El horror que sacudió Europa hizo que el mundo del arte se replanteara el camino que estaba siguiendo y si no estaban creando un arte esteril. Al fin y al cabo, las épocas de crisis no son tiempos para la experimentación, sino de ir a lo seguro.




En menos de dos décadas, el arte europeo volvió a vivir un renacimiento del arte figurativo que derivó en un segundo periodo del arte moderno, pero esta vez representativo (Surrealismo, Dadaísmo y, fuera de las vanguardias, el siempre ignorado Art Decó) A esto se le llamó "El regreso al orden".




Incluso el rey de la Vanguardia, Picasso, volvió al arte figurativo (como la obra que ilustra esta entrada, de 1916)




Curiosamente, la segunda guerra mundial provocó la reacción contraria, dando como consecuencia una radicalización del arte abstracto y conceptual.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Pervivencia del arte clásico: S. XX

Edificio La Unión y el Fénix, Madrid, 1929



Elegante edificación de Modesto López Otero, antigua sede de la compañía de seguros y hoy ocupado por un hotel. El clasicismo formal está rematado por una escultura mitológica (Ganímedes y el Fénix).


Lo más interesante de este edificio, en el tema que tratamos en este blog, es que ese gusto clásico en plena ebullición del racionalismo no se debe a la tradición arquitectónica española, sino a la influencia de la arquitectura norteamericana contemporánea (El Art Decó).

jueves, 15 de diciembre de 2011

NeoEclecticismo


Edificio de Nueva Construcción en Florida, EE. UU.




La arquitectura contemporánea de corte clásico parece estar viviendo una reacción similar a la que practicara la revolución moderna a principios del siglo XX. Se están levantando edificios por oposición a la estética moderna igual que se levantaron los modernos como rabieta al arte clásico.




No es tanto la búsqueda consciente del pastiche como huir del estilo moderno. No se sabe muy bien lo que se quiere, pero sí lo que no se quiere. Por eso no se puede hablar de arte clásico actual o tradicional, sino de neoeclecticismo.




Ya el eclecticismo fue una reacción al neoclásico y al neogótico. Sintiéndose encorsetada, nació esta manera de construir ni clásica ni gótica, sino todo al mismo tiempo, usando varios lenguajes anteriores en una misma arquitectura. Así vimos en pleno siglo XIX, edificios egipcios, románicos, mudéjares ect... a veces todo junto dentro de la misma obra.



Lo más importante del estilo fue, como siempre, el espíritu que lo movía. Era un arte libre, aunque hoy nos pueda parecer incoherente en un estilo que se limitaba a retomar elementos ya creados. Nada más lejos de la realidad. Los artistas vieron que pudiendo tomar cualquier elemento anterior, la libertad estilística estaba asegurada. Podían hacer lo que quisieran, no estaban supeditados a ninguna norma. Y de ahí la sensación heroica, enfática, engrandecida que tienen las obras de este periodo (Y de ahí tabién su predilección por el neo-barroco). El ejemplo más claro de este espíritu épico, osado, memorable es la Ópera Garnier de París. Incluso los edificios de lenguaje clásico de la arquitectura ecléctica están insuflados de esta trascendencia (Como el Flatiron Building de Nueva York).




Todos los edificios de corte historicista actuales están enmarcados en esta relectura del eclecticismo y, en cierto modo, han surgido de la misma manera, por huir del ercorsetamiento estético de un estilo artístico que no comparten y, al no existir un lenguaje alternativo, se recurre al mismo tiempo a todos los anteriores.



Ahora bien, el resultado no puede estar más en las antípodas. Toda la magnificiencia del eclecticismo decimonónico, ese pisar seguro, ese "Aquí estoy yo" es tibieza, recogimiento, un "No se vayan a enfadar" en el neo-eclecticismo actual.


El eclecticismo tuvo una interesantísima reacción: El modernismo. A ver a qué nos lleva este Neo-Eclecticismo.








lunes, 21 de noviembre de 2011

La bella durmiente de Walter Crane

Los cuentos de hadas tienen como premisa el estar ambientados hace mucho tiempo en un lugar muy lejano. Es una manera de no ubicarlos ni en el tiempo ni en el espacio. sin embargo hay tendencia a ambientarlos durante la edad media. Walter Crane, decimonónico artista británico, estuvo en consonancia con las influencias de su época. Esto es el simbolismo, el arte oriental y, en su caso de una manera muy pronunciada, el arte clásico. Así, ambientó la historia de la Bella durmiente como si de una leyenda mitológica se tratara, algo muy llamativo para una sociedad que tiende a mirar al gótico en estos casos.









viernes, 18 de noviembre de 2011

El Encanto



La casa Nautilus



Javier Senosian levantó esta casa particular en Mexico D. F.


No es, ni mucho menos, una edificación clásica, sino que es claramente un edificio posmoderno con fortísima influencia organicista y modernista (Difícil no acordarse de Gaudí o de Wright)

Sin embargo, esta obra añade un elemento psicológico, anímico al planteamiento de la arquitectura que en muy raras ocasiones encontramos. Añade encanto.


El encanto es, según la RAE, Cautivar completamente la atención de alguien. Pero añade una acepción más: Pronunciar un conjunto de palabras con poder mágico para cambiar la naturaleza o la forma de alguien o algo, hechizar.


He ahí la clave: El arte tiene la capacidad de cambiarte, de transformarte. Y, para ello, su arma es el encanto.


Si el ánimo de un artista es crear una obra simplemente destinada a responder a la función encomendada, difícilmente perdurará en el ánimo de quien la observe. No le cautivará. No se producirá el hechizo. Ese es el gran error del arte moderno, negar el encanto por definición. Error que por esas mismas fechas no cometieron los artistas del Art Decó. Ellos sí sabían que el ingrediente secreto del arte es el encanto y que negarlo es negar el arte en sí.



El arte posmoderno busca llamar nuestra atención, pero por medio de lo chocante, lo rompedor, lo trasgresor. No quiere hechizar nuestro ánimo, sólo abofeterarlo. Por eso su capacidad de permanecer en nuestro corazón duura lo que tarda en dejar de doler la bofetada. Se ha equivocado de hechizo.




Quien haya paseado por la nueva alameda de Hércules sevillana sabrá bien de lo que hablo. No hay diferencia anímica entre pasear por la alameda y hacerlo por el aparcamiento de un centro comercial. De nada sirve que te cuenten milongas sobre los juegos de volumenes y afines... de nada sirve sin encanto.






sábado, 5 de noviembre de 2011

Cantares de Gesta clásicistas

Roman d'Éneas 1160



A comienzos del siglo XIII, el italiano Dante Alighieri en su Divina Comedia entretejió un relato medieval con los hilos de la tradición grecolatina. No era algo ni nuevo ni aislado. Esta ilustración gótica de un texto del siglo XII muestra a la ninfa Eco (mirando al Dios cristiano) y a Narciso embelesado con su propia imagen. Pertenecen a una copia posterior de un cantar de gesta francés de un tipo muy común en su época: Gesta de materia de Roma.


Junto con las grandes sagas francesas y británicas, los juglares franceses cantaron las historias de la Eneida, de la Ilíada, la guerra de las Galias bien mezcladas con episodios caballerescos.


Los textos clásicos no sólo quedaron en los monasterios, pasados de copista a copista, sino que estos escritores, músicos y cantantes fueron distribuyéndolos para todo el pueblo a lo largo y ancho de la antigua Galia.