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lunes, 15 de noviembre de 2010

Pervivencia del Clasicismo: VISIGODO

Santa María de Melque, Toledo. VII-VIII


Esta iglesia perteneciente a un monasterio tristemente desaparecido, resulta a nuestros ojos como un extraño híbrido. La influencia tardorromana se conjunta con elementos y sensibilidad claramente visigodos.

De tal modo, el aparejo irregular propio del altomedievo es sustituído por una factura de sillares clásicos, pero sin la elegancia romana y sin una uniformidad del todo clara.
Por otro lado, el frontón romano algo simplificado se alterna sin problema con los visigoticos arcos de herradura, si bien hay que reconocer que esta tipología ya era conocida en el arte tardo-hispanorromano.

Los mosaicos de su pavimento han sido tapados y los frescos que la decoraban se han perdido con el tiempo. La suntuosidad con la que fueron planeados estos monumentos no es perceptible hoy en día. Muchas veces ha sido el paso de los siglos lo que ha simplificado la factura que hoy tenemos. En otros muchos casos ha sido la mano del hombre, que buscaba plasmar esa sencillez que entendían que portaba el arte altomedieval. Más exacto es decir que querían que tuviera que el que pensaran que debiera ser así, resultado propio de una mentalidad romántica.


Cuando pensamos en el arte prerromano/románico hay que pensar en la textura que mantienen los edificios bizantinos contemporáneos, puesto que la mentalidad y la intención de ambos mundos no era tan diferente.

Pero la intención de este edificio no es clásica. Tiene fábrica y elementos formales romanos, pero la concepción del edificio no es regio, no tiene la majestad, la aristocracia clásica.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Pervivencia del Clasicismo: VISIGODO


San Fructuoso de Montelius, 656-665
Esta es la primera entrada que le dedico a una obra arquitectónica dentro del apartado de Pervivencia del Clasicismo. El único motivo es que me siento más afín a las artes plásticas (el actual panorama de la arquitectura contemporánea ha provocado que no sienta la más mínima conexión con eso que antaño incluían dentro de las bellas artes y que hoy, a lo sumo, se incluye dentro del diseño)

Esta iglesia es sumamente interesante por diversos motivos. Es uno de los mejor conservados testimonios de la arquitectura visigoda y el único edificio reseñable de ellos que se coserva en Portugal.

Fue mandado edificar por el obispo de Braga San Fructuoso como mausoleo, y así entendemos la gran similitud formal que tiene con el mausoleo paleocristiano (arquitectura romana, por tanto) de Gala Placidia en Rávena:

El interior está abovedado, decorado con capiteles corintios y alterna la vocación clásica con una fuerte influencia bizantina, constatable igualmente en la planta de cruz griega (la primera de la península ibérica).

De su exterior, lo más llamativo es el juego de arcos ciegos alternados con triángulos. En su momento estaban sostenidos por columnas, ya desaparecidas, que daban al conjunto un aspecto menos extravagante del que hoy posee al haberse perdido. Esta alternancia es muy importante porque volvería a ponerse de moda en el manierismo de la mano de Miguel Angel, quien exportaría este juego rítmico al resto de Europa y hoy, si nos fijamos, la podemos ver en gran cantidad de edificaciones.