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viernes, 23 de diciembre de 2011

Pervivencia del arte clásico: S. XX

Edificio La Unión y el Fénix, Madrid, 1929



Elegante edificación de Modesto López Otero, antigua sede de la compañía de seguros y hoy ocupado por un hotel. El clasicismo formal está rematado por una escultura mitológica (Ganímedes y el Fénix).


Lo más interesante de este edificio, en el tema que tratamos en este blog, es que ese gusto clásico en plena ebullición del racionalismo no se debe a la tradición arquitectónica española, sino a la influencia de la arquitectura norteamericana contemporánea (El Art Decó).

viernes, 18 de noviembre de 2011

El Encanto



La casa Nautilus



Javier Senosian levantó esta casa particular en Mexico D. F.


No es, ni mucho menos, una edificación clásica, sino que es claramente un edificio posmoderno con fortísima influencia organicista y modernista (Difícil no acordarse de Gaudí o de Wright)

Sin embargo, esta obra añade un elemento psicológico, anímico al planteamiento de la arquitectura que en muy raras ocasiones encontramos. Añade encanto.


El encanto es, según la RAE, Cautivar completamente la atención de alguien. Pero añade una acepción más: Pronunciar un conjunto de palabras con poder mágico para cambiar la naturaleza o la forma de alguien o algo, hechizar.


He ahí la clave: El arte tiene la capacidad de cambiarte, de transformarte. Y, para ello, su arma es el encanto.


Si el ánimo de un artista es crear una obra simplemente destinada a responder a la función encomendada, difícilmente perdurará en el ánimo de quien la observe. No le cautivará. No se producirá el hechizo. Ese es el gran error del arte moderno, negar el encanto por definición. Error que por esas mismas fechas no cometieron los artistas del Art Decó. Ellos sí sabían que el ingrediente secreto del arte es el encanto y que negarlo es negar el arte en sí.



El arte posmoderno busca llamar nuestra atención, pero por medio de lo chocante, lo rompedor, lo trasgresor. No quiere hechizar nuestro ánimo, sólo abofeterarlo. Por eso su capacidad de permanecer en nuestro corazón duura lo que tarda en dejar de doler la bofetada. Se ha equivocado de hechizo.




Quien haya paseado por la nueva alameda de Hércules sevillana sabrá bien de lo que hablo. No hay diferencia anímica entre pasear por la alameda y hacerlo por el aparcamiento de un centro comercial. De nada sirve que te cuenten milongas sobre los juegos de volumenes y afines... de nada sirve sin encanto.






domingo, 6 de junio de 2010

El clasicismo en fotografía: Venus de Arlés

Venus de Arlés. Copia romana de un original de Praxiteles S. IV a. C.

Lisa in Money Plant, Horst P Horst. 1939

miércoles, 5 de mayo de 2010

El clasicismo en fotografía: El Torso Belvedere



Definía Borges el concepto de obra clásica como aquella que sería como referente para obras y artistas posteriores. De esa manera, desde su descubrimiento en el siglo XVI, el Torso Belvedere es uno de los grandes clásicos de la historia del Arte. Lo sugerente y descontextualizado de su estado fragmentado ha permitido que una gran cantidad de artistas hayan utilizado su postura, movimiento y tipo físico para inspirar diversos personajes en distintas obras.

Detalle de la Capilla Sixtina, de Miguelangel


La capacidad de atracción de esta obra (en su origen una figura ecuestre), no se ha limitado a la pintura y escultura, sino que con el nacimiento de la fotografía se amplió su radio de influencia.

Las dos obras siguientes son ejemplo de ello. La primera es obra pertenece a la estética Art Decó (del fotógrafo Horst P Horst) y la segunda a la estética posmodernista de los fotógrafos Mert Alas y Marcus Piggott. Sólo en el primer caso podemos ver una solución clásica a un referente clásico. Elegancia, contención, mesura, idealismo, refinamiento y exquisitez propia del clasicismo en general, el art decó en particular y Horst en singular.

La segunda fotografía es tan sumamente hortera que me niego a hacer cualquier comentario acerca de ella. Como si no existiera.


lunes, 29 de marzo de 2010

El clasicismo sin pastiche

Paul Manship: Ejemplo del clasicismo sin pastiche

Me ronda siempre por la cabeza la situación del arte en la primera mitad del S XX, cuando sí se dieron estilos artísticos de corte clasicista pero completamente contemporáneos.
Eso no lo he encontrado en este momento. el arte clasicista recurre al pasado, pero no hay (o no conozco) un estilo clásico producto del momento que vivimos.
El art decó es un continuo referente en todas mis reflexiones sobre arte clásico, pero es porque el clasicismo parece cosa del pasado, pero hace muy poco, en plena modernidad, tuvimos un estilo clasicista contemporáneo (aunque depende del artista lo fue en mayor o menor grado, pero su esencia era clásica). Lo verdaderamente importante de ese estilo es su ubicación en un momento determinado de la historia. Un cuadro de Tamara de Lempicka no pasa por un cuadro del S. XVIII. Sólo puede ser un cuadro del S XX.

Clásico, pero contemporáneo. Eso es lo que no hay hoy. El arte clásico actual bebe directamente de la historia. Todo es un nuevo Neo (Valga la redundancia), no tenemos un lenguaje propio, dentro del clasicismo, pero propio.
Hay pintura realista contemporánea, es cierto. Pero el realismo es realismo, no clasicismo. Es necesario encontrar las mismas pautas que esa pintura ha desarrollado para estar ligada a nuestros días para no caer en una pintura clásica anacrónica o pastichera.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El ambiente y la atmósfera.

Hoy quiero hablar de mí.
Hace algo menos de una semana me ocurrieron dos acontecimientos en el mismo dia, ambos concernientes al mismo hecho pero cada uno en la antípoda del otro.
Uno de ellos, el destructivo, fue un grosero email proviniente de una organización artística argentina en la cual optaba a ocupar un puesto.
Pese a que era consciente de las poquísimas opciones con las que contaba, jamás hubiera imaginado que uno de sus reprepresentates se iba a pone en contacto personalmente conmigo para hacerme ver el motivo del rechazo.
Pues se molestó en redactar varias línas acerca de lo absurdo que resultaba mi planteamiento artístico, la vergüenza que debería darme haberme imaginado que ellos me podían aceptar y que personas como yo eran las que la historia señalaría con el dedo...

Todo esto porque, en sus palabras, mi existencia era un inconveniente al progreso del arte y que la gente como yo debería haberse quedado en el siglo XVIII
Tras estas palabras que reflejaban más intolerancia de la que él me estaba acusando a mí, entré en un blog y leí una de esas frases que de repente te marcan más de lo que hubieras esperado de un par de horas perdidas en internet.


Se equivocan los directores que ruedan películas y tratan de emular ese soberbio aire, al mismo tiempo de exclusividad y distinción que de cercanía fascinante, de los años treinta y cuarenta en los que la vida era -era- glamurosa y de una elegancia despreocupada. No se trata de recrear el ambiente sino la atmósfera.

http://coolandchic.blogspot.com/2010/02/james-stewart.html

Se me vinieron a la cabeza tres imágenes: la serie de televisión Mad Men y las películas "Lejos del Cielo" y "Un hombre soltero" y entendí perfectamente a lo que su autora se estaba refiriendo.

Son películas actuales pero sobre los años de oro de Hollywood y recrean arqueológicamente cada detalle de la ambientación de la época. Pero hay una grandísima diferencia. No tienen ese aura de fascinación de las películas que sí se hicieron en esa etapa. ¿Por qué? Porque han tomado el continente, no el contenido. El ambiente, no la atmósfera.

Así pues, se puede hacer lo contrario: Tomar la atmósfera pero no el ambiente. Al fin y al cabo, es lo mismo que se hacía en las artes plásticas de ese momento (y vuelvo a referirme al Art Decó). Tienen la esencia del arte clásicista, pero no están ambientadas en la antigüedad, y he ahí el "truco" de ese estilo. Nos atrae tanto como las obras antiguas pero las encontramos modernas, actuales.

Es cuestión de analizar qué tenían las obras del cine clásico para ser tan elegantes y atractivas al igual y lo mismo hacer con las pinturas y esculturas clásicas. Por qué las situamos en un plano superior. Por qué las vemos en un museo y nos despiertan esa admiración tan distinta a la del arte moderno. (no quiero decir que el arte moderno no sea digno de admiración... aunque lo piense. Sólo digo que la sensación al contemplarlo es muy distinta)

No es cuestion de hacer las obras a la antigua, porque sólo las disfrazaremos de historia. Es cuestió de hacer obras hoy y que se tengan lo mismo que aquellas que han hecho historia.

átmósfera, no ambiente.

pd: muchas gracias, Holly.

viernes, 5 de febrero de 2010

Pervivencia del Clasicismo: ART DECÓ



Eduardo García Benito fue un ilutrador español que hizo la mayor parte de su carrera en Estados Unidos como portadista de las revistas Vogue y Vanity Fair. Semejante hito debería haber hecho que fuera una figura muy importante y conocida en nuestro país, pero como suele ocurrir, nadie recuerda su nombre. Y todo ello teniendo en cuenta que sus portadas son obras cumbres de la ilustración y que si pensamos en las ilustraciones de moda de la época Art Decó, estamos pensando en él. Fue quien creó desde esas revistas la imagen que tenemos todos de los carteles de moda de los años 30. Si bien hay que reconocer que los artistas del período Art Decó no tienen una gran fama hoy en día, salvo Tamara de Lempicka.


Eduardo García Benito no sólo trabajó para el mundo de la moda sino que varias publicaciones europeas requirieron de su trabajo. En 1939, una editorial parisina le encargó la decoración de la Ilíada de Homero. Este pintor no era el más clásico de los del Art Decó y de hecho frecuentaba los ambientes de arte moderno, siendo incluso amigo personal de algunas primeras figuras de la Vanguardia europea. Esto se manifiesta en su obra (fuertemente influenciada por el cubismo) y en estas ilustraciones en particular. Resalta que siendo la temática tan clásica, el estilo rehuya de la tradición (dentro de lo que es el estilo), aunque no puede dejar de reconocerse en ese Zeus y Semele la huella del Zeus y Tetis de Ingres




miércoles, 23 de septiembre de 2009

Entre Clasicismo y vanguardia




Casi todas las imágenes que tenemos sobre la fotografía del glamour de la primera mitad de siglo XX se la debemos al fotógrafo Germano-Estadounidense Horst P. Hosrt. Casi toda su producción se basó en interiores, figura humana y retrato. Alguno de los ratratos más famosos del Star System clásico que tenemos en mente son obra suya.




Al igual que la pintura del Art Decó está asociada casi en exclusiva a Tamara de Lempicka, Horst es la cabeza visible de la fotografía de este estilo. En ambos podemos ver un tratamiento clásico del arte pero influenciado por las distintas vanguardias. En el caso de la pintora, el cubismo, en el caso del fotógrafo, el surrealismo. Esta influencia matiza pero no resta clasicismo. Vemos en su obra una elegancia, un tratamiento escultórico de la figura, una serenidad, una armonía completamente clasicista, algo onírica, pero para nada antiacadémica.


martes, 15 de septiembre de 2009

Pervivencia del Clasicismo: ART DECÓ

Tímpano del ala oeste del Museo de Arte de Philadelphia
C. Paul Jennewein, 1933

Tanto el Art Decó en forma y contenido como la propia sensibilidad estadounidense han sido siempre muy sensibles al clasicismo.
Tal es así que, pese a haber sido uno de los grandes motores de la modernidad, ha mantenido la semilla del arte clásico latente dispuesto a manifestarse en cuanto ha tenido ocasión, como es el caso de ciertas tendencias arquitectónicas actuales.
El motivo de esta atracción hacia la estética clásica hay que buscarla en un plano ideológico. EE. UU, como primera democracia del mundo contemporáno, ha mirado a Grecia como como garantizador de las libertades democráticas y las ventajas del capitalismo, y de ahí su tendencia a recuperar la estética griega.
El Museo de Arte de Phidadelphia tuvo como referente el Museo Victoria y Alberto de Londres y la decoración monumental corrió a cargo del escultor germano-estadounidense C. Paul Jennewein, quien poseeía una fuerte formación clásica al haber rematado sus estudios en la Academia americana de Roma.

C. Paul Jennewein diseñó un tímpano en terracota policromada, con cierto recuerdo a la obra de Fidias, y rompiendo la tradición neoclásica y basándose con más veracidad a la verdadera escultura griega. Policomía que a ojos de los españoles puede parecernos terriblemente basta, acostumbrados a la larga tradición de escultura policromada y el detallísmo y minuciosidad de ésta.

Con todo, el conjunto da una idea muy próxima a lo que debió ser un tímpano griego.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Religión romana y Art Decó

Prometeo, de Paul Manship. 1934


Los comienzos del Siglo XX supusieron la irrupción de la Modernidad y la ruptura premeditada con la tradicción artística occidental. Esa tradición tuvo un pequeño respiro tras la primera guerra mundial, pero que pronto se apagó con el inicio de la segunda. En esta revitalización de la tradición clásica, pese a su notable influencia de los nuevos lenguajes artísticos, la temática religiosa greco-latina despertó y volvió a convertirse en un tema recurrente en la producción estética de los artistas plásticos.


Paul Manship recreó en el Rockefeller Plaza el mito de Prometeo, Titán que robó el fuego para donárselo a los mortales y por tal motivo fue castigado a ser encadenado a una roca en la cual un águila se comería su hígado, día tras día, por toda la eternidad. El castigo cesó al ser liberado por Heracles.
Prometo se ciñe muy bien al espíritu del Art Decó y a su reflejo de la fuerza y el empuje del progreso. El descubrimiento del fuego es el inicio del avance científico y mecánico de la humanidad, por lo que este Titán casa muy bien con la mentalidad vital y vigorosa del estilo de entreguerras.

La influencia de esta obra hay que encontrala en otro ser de la religión romana visto por el prisma manierista, pues la composición de este Prometeo bebe mucho del Hermes de Gianbologna.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Art Decó

Tamara de Lempicka: Andrómeda


































El Art Decó fue un estilo artístico que se desarolló en el periodo de entreguerras del siglo XX. Fue coetáneo a las vanguardias, pero nunca ha sido considerado como una de ellas. Y eso pese a haberse visto muy influído por ésta, si bien porque el omnipresente cubismo empapó cada manifestación estética en aquel momento.

Se podría definir como el último coletazo del arte tradicional/académico antes de sucumbir bajo el peso de la modernidad.

El Art Decó fue el heredero del Art Nouveau/Modernismo, y como tal fue un arte burgués, elegante, profusamente decorado (por algo nació en la 'Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes' de París) y una clara manifestación de la fuerza del mundo industrial que lo vio nacer.
Todo en el art decó es empuje, fuerza, vigor sin renunciar nunca al refinamiento, a la exclusividad.
Ver un cuadro de Tamara de Lempicka poco puede acercarnos a la pintura de los académicos del S. XIX. Puede parecer que lo único que tienen en común es ser arte figurativo. Pero comparten un espíritu mucho más importante que los aspectos formales. El Art Decó fue el adios de las artes plásticas al idealismo.
Ni el S. XX ni lo que va del actual volvería a reencontrarse con esa tendendia del arte figurativo, volcándose por completo en el arte figurativo realista en todas sus facetas.Quizá este es el motivo porque el que sgue sin verse el Art Decó como parte de la modernidad. Aun mantiene, pese a las formas, el espíritu del arte académico.